El año 2020 marcó mi vida para siempre. Lejos de casa y sin recursos, recibí un diagnóstico que estremeció mi corazón: un cáncer agresivo.
El temor y la incertidumbre quisieron apoderarse de mí, pero decidí aferrarme a lo que no se ve ni se puede tocar: mi fe en Dios.
Fueron días de dolor, lágrimas y soledad. Sin embargo, en medio de cada batalla encontré refugio en las promesas de la Palabra del Dios vivo.
Hoy puedo declarar que ya no hay cáncer, ya no hay temor, ya no hay soledad.
Hoy hay una fe inquebrantable en mi corazón, porque Dios fue fiel en cada momento.
Hoy vivo y testifico que vivo porque Él vive.
¿Quieres vivir tu propia historia de transformación?
Esa paz, esperanza y propósito que acabas de leer están disponibles para ti también, hoy mismo.
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